Nadie habló durante un largo rato.

La desaparición repentina del hombre misterioso no encajaba con nada. Ni con la crisis del conserje, ni con la evacuación, ni con la secuencia de las cámaras. Y, sin embargo, tanto Lucía como Iván lo habían oído.

El inspector Valverde llegó en ese momento.

—¿Lo encontraron?

—Sí —respondió Marta—. Pero el caso… no está cerrado.

El inspector leyó la nota.

—No me gusta nada esto.

Cuando salieron del vestuario, Iván tomó la mano de Marta.

—¿Puedo hacer una pregunta?

—Claro, campeón.

—¿Él volverá?

Marta no respondió de inmediato. Se agachó, le acomodó la chaqueta y dijo:

—Mientras estemos aquí, nada va a hacerte daño.

Pero cuando se levantó, sus ojos se cruzaron con los de Javier.

Ambos sabían que no podían asegurar eso.

Porque alguien más había estado en la escuela Santo Tomás.

Alguien que no apareció en ninguna cámara.
Alguien que habló con dos niños.
Alguien que desapareció sin dejar rastro.

Y el eco de aquella frase parecía seguirlos por el pasillo vacío:

“Los niños siempre escuchan mejor que los adultos…”